El megacontrato de Stephen Curry con los Warriors, doscientos uno millones de dólares estadounidenses por 5 temporadas, solo ha estado unos días a la cabeza del ranking histórico de los pactos más lucrativos: James Harden, información adelantada por Brian Windhorst, se ha comprometido con Houston Rockets hasta dos mil veintitres, una ampliación por 4 temporadas más de lo que alcanzaba su actual contrato y que le garantiza un total de 228 millones de dólares. Lo jamás visto.

A Harden, segundo en la votación del MVP tras Russell Westbrook, le quedaban un par de años de contrato por los que debía percibir prácticamente cincuenta y nueve millones. La ampliación por 4 años y unos 170 millones le pone en esos 228, el total más alto de la historia de la NBA. En dos mil veintitres y con treinta y tres años, James Harden va a haber amontonado en catorce años de carrera NBA unos trescientos dieciocho millones de dólares estadounidenses. En los 4 años de la nueva extensión, desde la temporada dos mil diecinueve-veinte, va a ganar treinta y siete con ocho, cuarenta con ocho, cuarenta y tres con ocho y cuarenta y seis con ocho millones.

Tras una excepcional temporada (veintinueve con uno puntos, once con dos asistencias y ocho con uno rebotes de media), Harden se quedó a las puertas de la final del Oeste, frenados los Rockets por los Spurs en una tremenda eliminatoria de segunda ronda. Para intentar acercarse a una cabeza de la Conferencia en cuya cabeza prosiguen los Warriors, los Rockets se han hecho con Chris Paul y, conforme noticias de las últimas horas, han reactivado los contactos con los Knicks para llevarse a Carmelo Anthony, que podría cancelar la cláusula que le deja vedar cualquier traspaso para ir a un equipo que, y más con él, huele a aspirante al anillo. Los Rockets ya habían cerrado otra genial operación: PJ Tucker, un especialista protector, firmó por 4 temporadas y unos manejables treinta y dos millones.