Discutida en otra temporada, Ronaldinho ya no debe disimular la simpática curva de la dicha que se le dibuja. Viéndolo calentar, abrazado a los críos y sudando, quizá, la noche de Castelldefels, era bastante difícil sospechar que este futbolista mágico que cambió el humor del barcelonismo estuviera bastante tiempo sobre el césped. Y no obstante, jugó los 90’ y dejó tal compilación de florituras que resultó imposible no echarle de menos. Ronaldinho fue el primordial reclamo que llevó al Camp Nou prácticamente 50.000 personas.

El convidado al partido de leyendas era el Manchester United. El Camp Nou no es un escenario más para los red devils. Jugadores como Yorke vivieron la noche más grande de la historia del club aquel 26 de mayo de 1999 en el resultado más increíble nunca visto en una final de Champions. Se echó de menos a los miembros de The Class of’92: Beckham, Giggs, Scholes, Butt o bien los Scholes. El árbitro no deseó cargarse el espectáculo en el minuto 2 y se abstuvo de expulsar a Van der Gouw, que sujetó el balón con las manos fuera del área. Mas entonces el United no tuvo piedad. Menos efectista mas más fectivo, liquidó al F.C. Barcelona Legends con goles de 3 clásicos: Blomqvist, Poborsky, qué recuerdos de su Europa en 1996, y Yorke, ese delantero que terminó sus días jugando de mediocentro con Trinidad y Tobago. Merecieron más las carreras de Davids, una rabona copyright de Rivaldo y las diabluras de Ronaldinho. Messi es una deidad, mas el Camp Nou prosigue necesitando su sonrisa.