Aquel material con el que Di Stéfano cruzó el Atlántico hace más sesenta años y que continúa inmutable al paso del tiempo ha transformado al Madrid en indestructible en la Copa de Europa. Ningún otro club está hecho de exactamente la misma pasta y ningún otro ha podido llegar tan lejos. Recurriendo a la terminología de los negacionistas, sus títulos en color alcanzaron en Cardiff los de blanco y negro. Es muestra de de qué manera el club ha sabido readaptarse a los tiempos y de su himalayismo para subir una y otra vez a la cima de una competición de la que se siente padre y también hijo al unísono.

Esta vez fue frente a la Juventus, otro miembro de la aristocracia continental, tras una reconstrucción exprés. Y con Zidane en el banquillo, francés pasado por la parrilla del futbol italiano que cogió a la primera desde dónde se maneja este equipo, siempre y en toda circunstancia más inclinado a adorar futbolistas (, sin ir más allá) que adiestradores. Esta Copa de Europa, la Duodécima, va a ser tan mestiza como le hubiera agradado a Bernabéu: canterana (Carvajal y Casemiro), de España (Ramos y también Isco) y global (Cristiano, Modric, Benzema…). Merece el aplauso, mas con más gente de la academia o bien con menos, con más peones que reyes o bien a la inversa, con más galácticos o bien más mundanos, El Madrid prácticamente siempre y en todo momento se las ha apañado para enviar en el continente. A partir de ahora es asimismo el primero en reiterar Champions. Siempre y en toda circunstancia ha sido su causa y ha sabido explicársela a cuantos pisaron su casa.

Un volantazo en la segunda parte terminó con la Juventus y le mostró al planeta la diferencia de talento de un equipo y otro. Y El Madrid, que entró de puntillas en el duelo, acompañó su título con música de baile.

Mal inicio, gran final

No fue el choque de la espada y el escudo. La Juve, un equipo de piel gruesa, especialista y armado, comprendió que era su gran ocasión y se abalanzó sobre El Madrid sin preámbulos. Transportado por Pjanic, fue un cólico renal para el encogido equipo de Zidane. En 6 minutos tiró 3 veces. En la última, Keylor dejó una parada estupenda. El Madrid cogió el mensaje a medias, se sujetó a Modric a lo largo de una cuarta parte de hora, desplegó bien a Isco y le hizo saber a la Juventus de su contragolpe. En ese breve turno de réplica aun halló un tanto, producto de una salida sorpresa en la que Kroos, Benzema y Cristiano llevaron la pelota de una banda a otra descolocando a la zaga italiana. La aventura llegó hasta Carvajal, cuyo envío raso lo cruzó Cristiano al primer toque. Un buen tanto mas asimismo una mala explicación de la inferioridad madridista. Ese acertado derechazo fue el único remate a puerta dEl Madrid ya antes del reposo.

La Juve, con un enorme cinturón industrial alimentado por Alves y un Mandzukic en modo boina verde, reanudó nuevamente el choque desde la visión panorámica de Pjanic. Tuvo efecto inmediato con el tanto de Mandzukic, que controló con el pecho de espaldas a puerta y sin retrovisor y sin dejar caer el balón lo puso en el palo más desamparado de Keylor. El partido se jugaba sobre el plano que llevaba la Juventus, que sin la pelota era menos de lo aguardado y con ella considerablemente más. La Juventus, que fue cogiendo cuerpo desde la banda izquierda, donde Alex Sandro fue escopeta de reiteración y Mandzukic una molestia de importante tamaño. A Dios gracias para El Madrid ni Dybala ni Higuaín se sumaron a la causa.

Del vestuario volvieron otro partido y otro la capital de España. Modric, Casemiro y Kroos se tragaron al centro del campo de la Juve, Marcelo fue un brazo armado por la izquierda y también Isco, un conducto de ventilación enorme. Resurgió el enorme la capital de España, con motor y carrocería, dominante, largo por las bandas y con la ambición que le ha llevado hasta acá desde hace sesenta años. En 3 minutos despachó el partido. Cuando Casemiro lanzó un pelotazo desde treinta metros que tras tocar en Khedira superó a Buffon de la Juve asoladora ya solo quedaban los restos. Confusa por ese segundo golpe tomó el tercero, de Cristiano, en envío de extremo de Modric, que toca todos y cada uno de los instrumentos. El portugués marcó diez tantos entre los cuartos y la final, ampliando su historia legendaria de gran escalador en las grandes cumbres.

Allegri solicitó un paso adelante con los cambios, mas Cuadrado y Marchisio entraron para socorrer a un cadáver. Para entonces El Madrid ya estaba en Cibeles, adornándose con el tanto de Asensio, brindando por sus 12 copas, los 12 apóstoles de su marca.