De acariciar la gloria. A sentir el calor del averno. Un viaje de apenas 2 minutos. Eso fue suficiente a fin de que Chivas dejase escapar una ventaja que lo ponía a noventa minutos del título número doce de su historia. El dos-0 en el Estadio Universitario parecía sentenciar la Final del Clausura dos mil diecisiete. Mas André-Pierre Gignac en la cancha, jamás se puede dar nada por hecho.

El francés había hecho un partido prudente. En demasía. Poco contacto con la redonda. Nulo riesgo. Mas cuando aparece, es irresistible. Primero al ’85. Y nuevamente 2 minutos después. De esta manera, en un momento, dio vida a Tigres con el dos-dos en la Ida. En un suspiro, al Rebaño Sagrado se le ha difuminado el beneficio. Todo se definirá en la Vuelta, el último día de la semana.

Guadalajara tiene un arranque titubeante. No es para menos: hace más de diez años que no disputa una Final de Liga. Tigres, en cambio, está más habituado a pararse en estas instancias. De ahí que, se apropia de los primeros minutos, sin demasiada oposición.

Oswaldo Alanís confunde una pelota en la salida y André-Pierre Gignac concluye la acción con un derechazo desviado, al ‘3. El propio francés prueba 6 minutos después, manda un disparo lejano, a las manos de Rodolfo Cota. Y al ’16, Orbelín Pineda es quien pierde la redonda, para dejar que Lucas Zelarayan saque un tiro que Rodolfo Cota desvía a tiro de esquina.

El Rebaño Sagrado luce inquieto. Los felinos no aprovechan. Y eso, en una Final, se paga. Luis “Chaka” Rodríguez entra como una flecha por el costado derecho. Diagonal retrasada. Edwin Hernández despeja. La estrella en un compañero. El rebote es para Ismael Insípida. El disparo es tapado por Cota. El contrarremate lo vuela Jesús Dueñas. Chivas se salva, al ‘20.

Tigres es el equipo poderoso. El que ha ganado sus 4 partidos anteriores de la Liguilla, con diez tantos a favor y solo uno en contra. Ese que mete a Chivas en su campo. Y el Guadalajara tarda en despertar. Apenas hasta el ’21, Michael Pérez se bota de la contención. Dispara. Desvía la defensa. Tiro de esquina.

Desde el banderín, Edwin Hernández cobra en corto. Néstor Calderón mete el servicio cerrado. Venenoso. Toma a Nahuel Guzmán mal parado. El arquero aguardaba, quizás, un centro abierto. Ataca mal la redonda. Mete el manotazo. Lo estrella en un compañero.

La bola queda “muerta” en el área muchacha. Alan Pulimentado está en el instante conveniente. En el sitio preciso. Como los buenos delanteros. Reacciona enseguida. Mete la zurda, lleno de convicción. A las redes. Tanto del Guadalajara, al ’22. Los pocos apasionados rojiblancos festejan. El resto del Estadio Universitario sisea.

Chivas hace un partido inteligente. Cede la pelota por grandes lapsos. Espera la ocasión precisa. Michael Pérez conduce. Se bota de nuevo de la contención. Levanta la mirada. Pelota profunda para Alan Pulido. En el control, se acomoda. Disparo cruzado.

Semeja atajable. Mas Nahuel Guzmán falla nuevamente. Deja la redonda nuevamente en el área. Rodolfo Pizarro ha seguido la jugada, atento. El balón le queda ahí. No desperdicia. Empuja a las redes. El 0-dos deja helado al Universitario, al ’42. Los rojiblancos se abrazan. En la banda, Matías Almeyda celebra con su cuerpo técnico.

Es el resultado que absolutamente nadie aguardaba. El Guadalajara maneja de forma conveniente el complemento. Es inteligente. Tigres carga con la obligación. Mas produce poco riesgo. Chivas cierra espacios. Obstruye la circulación. Hace prácticamente todo bien. Hasta la recta final. En estos partidos, un momento de descontrol es suficiente.

Agonía del encuentro. Por izquierda, Damián Álvarez le gana la partida individual a Jesús Sánchez para meter la diagonal retrasada. André-Pierre Gignac, en el corazón del área, patea de zurda. Como viene. Raso. Potente. Puesto. Entra pegada al poste. Tigres descuenta al ’85.

Desconcentración total por la parte de Chivas. Pelota profunda. A la espalda de Miguel Ponce. Rodolfo Cota sale hasta la ribera del área. Se confunde. No alcanza la redonda. André-Pierre Gignac se lo quita punteando la bola. Y enseguida empuja a las redes. Tanto de Tigres. El dos-dos, al ’87.

No se mueve más el marcador. El Guadalajara tenía una ventaja que lo ponía muy cerca de la estrella número doce en su escudo. En vez de eso, ha salido del Estadio Universitario con un empate dos-dos. La Final está abierta. Nada para absolutamente nadie. El título del Clausura dos mil diecisiete se definirá el último día de la semana, en el Estadio Chivas.