Daniel Alves puede ganar su tercer triplete en 9 años. Adornado con una hoja de servicios envidiable este brasileiro peculiar y también impredecible prosigue dominando el tempo de los cursos. Dotado de una profesionalidad ejemplar que contrasta con la imagen que da fuera del estadio, Daniel Alves ha pasado de jugar sus primeras temporadas en Europa a 3 velocidades sobre sus contendientes a saber regularse y terminar las temporadas en sexta cuando el resto apenas pueden poner cuarta.

Tras su exhibición en las semifinales de la Champions (tras una temporada más bien prudente) para llevar a la Juventus a Cardiff, el interrogante en el Barça es clara: ¿Por qué razón este tipo se fue sin costo y vuelve a jugar la final de la Champions mientras que el club azulgrana cae en cuartos?

La contestación no es menos clara: Alves se había hartado del Barna. En concreto de su directiva. Sus puyas en la sala de prensa pueden llevar a meditar que se fue por la presión de los medios, mas la relación de Dani con ellos era una escena bufa sin trascendencia. La hemeroteca le retrata. Alves es exactamente el mismo que llamaba basura a una serie de cronistas a los que entonces elogio al tiempo que ahora desdeña a los que le rieron las gracias entonces.

Con quien de veras estaba dolido es con la directiva del club, de la que nunca se fió. Siempre y en todo momento sospechó, con razón, que era un cuerpo extraño y que, entre los titulares, el que más dinero podía aportar por un traspaso al paso que su salida era menos traumática cara la masa social era . Vivía en la diana

Lo dejó muy claro en una entrevista el pasado febrero en ABC: “Irme sin costo del Barça fue una hostia con clase a una directiva que jamás me afirmó nada a la cara, falsa y ingrata que solo me solicitó renovar cuando les sancionó la FIFA”. Su venganza fue irse por la cara a través de una cláusula que impuso en su renovación. Y lo repitió en el Camp Nou ya de bianconero criticando a los que ya antes aplaudían los palos que les daba a los al otro lado un poco antes de besar el escudo en otro de sus histriónicos ademanes, solo equiparable al de ofrecerse al Barça en el mercado de invierno: “Me fui por el hecho de que no me sentía cómodo”, resumió.