Lo de correr, correr es una licencia del arriba firmante pues lo cierto es que a la plusmarquista mundial de maratón la vi al principio y al final de la prueba de 5000 metros que disputamos los cronistas y también convidados de Nike al histórico acontecimiento de Monza.

Una carrera que, no les voy a mentir, disputé a duras penas pues tras llevar un par de días durmiendo poco y mal, perras las ganas que me quedaban de calzarme unas zapatillas para saltar al asfalto del vetusto circuito italiano.

Lo que sucede es que uno es un ‘marine’ de MARCA y acepta sus responsabilidades si bien le vaya en ello la salud. A esto se sumaba la posibilidad de conocer de primera mano el recorrido empleado por Kipchoge en su infernal reto. Eso y el entusiasmo mostrado por el personal de España de Nike, que me dio todo género de comodidades en el momento de equiparme para la ‘batalla’ que se aproximaba, terminaron de persuadirme.

El resto fueron veintiseis largos minutos de mi vida en los que vi pasar, muy de lejos, el conocido turismo Tesla empleado por los 3 gladiadores africanos de ‘Breaking2’ y a abundantes corredores que marcaban un ritmo que a mí honestamente se me antojaba marciano. Entre ellos, a propósito, había múltiples españoles.El resto fueron veintiseis largos minutos de mi vida en los que vi pasar, muy de lejos, el conocido vehículo Tesla empleado por los 3 gladiadores africanos de ‘Breaking2’ y a abundantes corredores que marcaban un ritmo que a mí francamente se me antojaba marciano. Entre ellos, a propósito, había múltiples españoles.

Como miembro venerable del furgón de cola, apreté los dientes y compuse el ademán para terminar de pie esos malditos cinco quilómetros, no sin ya antes revisar que llevaba justo detrás a la plana mayor de Nike. A esos, puedo dar fe, les saqué una cabeza de ventaja, igual que a una chavala árabe que lucía un velo y al corredor probablemente más rollizo de los runners club de Nike en Europa.

El resto me aguardaba entre vítores y tintineos de cencerros en la línea de meta, que crucé con tanto placer como pocas fuerzas para sumarme a la fotografía de familia que inmortalizó el acontecimiento. Un lujo al alcance de poquísimos… que hubiese cedido con mucho gusto.