Por prevenir al madridismo de la tentación de levitar, resulta conveniente detallar que su equipo jugó frente al Granada, cánido de mil leches, con once jugadores de once nacionalidades diferentes, mestizaje orate, y al que el partido le cogió haciendo las maletas para viajar a Segunda.

Mas esta versión opción alternativa y casual del la capital española que Zidane ha empleado en etapas de media montaña ha resultado estupenda, individual y de forma colectiva. Lástima que no haya podido gozarla el Bernabéu. Pues la afición le ha cogido cariño a este colorido la villa de Madrid, del que agrada tanto la partitura (más centrocampistas) como la orquesta (más canteranos y más españoles).

Como en Eibar, Leganés, Gijón o bien A Coruña, tuvo un despegue vertical en Los Cármenes. En diez minutos hizo 2 tantos y despachó a un Granada en broma. Los dos de James, que en vez de inquietarse en su cuesta abajo ha sacado en estos partidos la estrella mundial que lleva dentro.

Fueron 2 tantos a un toque, de llegador, el segundo en envío preciso en colocación y potencia de Coentrao. Y es que la empatía del conjunto ha ido recobrando malditos. Danilo, el lateral espectro de la otra ribera, asimismo obsequió un tanto. Esta vez, sin Isco, índicio de que será de nuevo titular frente al Atlético, la cosa tuvo menos encanto mas la eficiencia asoladora de tardes precedentes.

En favor de resultado, con Kovacic cuidando del solfeo en el centro del campo, liberado por Casemiro y liberado ya como primer espada, el Madrid fue haciendo pedazos a lo que quedaba del Granada (restos) en ataques relámpago. Faltaba la continuidad y sobraba la precisión. Sobre todo la de Morata, que le ha sacado gran provecho a esta Operación Triunfo. Manejó todos y cada uno de los registros del 9 moderno.

Acertó a un toque (tercer tanto), supo autoabastecerse (cuarto) y fue lanzadera de sus compañeros del frente de ataque (primero). Partidos de este modo le quedan ya por los tobillos. Sus veinte tantos le despegan mucho de Benzema y de su continuidad en un equipo que apenas premia su productividad.

El Granada fue cadáver desde el principio y pudo irse ya al reposo con un set en blanco si Lucas Vázquez, otro que anda como un tiro, no estella una pelota en el travesaño y Casemiro no echa a perder un remate a puerta vacía.

En la segunda mitad, el la capital de España apartó sus ataques y preservó energías. El partido prosiguió de su mano, con un Kovacic creciente y emprendedor, mas resultó menos acertado. El Granada, con Lombán como central, detuvo la hemorragia y dejó alguna huella en el área del la capital española. No obstante, fue Ochoa nuevamente el más demandado.

Danilo, Lucas y Sergio Ramos dejaron pasar buenas opciones. Y el equipo terminó con todo el parque de artillería, Morata, Benzema y Mariano, para acabar el desfile. Seguramente no se va a repetir este la capital española B al completo en lo que resta de curso, mas su compromiso y el valor de Zidane quedaron ahí. Fue un placer.