Los Spurs se están medrando frente a la contrariedad. Tras ser vapuleados por los Rockets en el primer ataque, los de Gregg Popovich han cosechado 2 contundentes triunfos que les ponen a otros 2 más de la final del Oeste. En Houston y en su primer partido de playoffs sin Tony Parker en dieciseis años, San Antonio volvió a probar lo que es: un equipo enorme. James Harden tuvo una enorme actuación en el plano individual (cuarenta y tres puntos con 14/28 en tiros), mas no de este modo en el colectivo. Y por si no fuera suficiente, sus compañeros no le secundaron. Esa fue una de las clave de este tercer partido (noventa y dos-ciento tres) en el que Kawhi Leonard (26+10+7) y LaMarcus Aldridge (factor diferencial) impusieron su ley frente a los tiradores de D’Antoni.

Revulsivo Pau Gasol

Junto a ellos, un enorme Pau Gasol. No tanto por sus números, que si bien buenos (doce tantos, nueve rebotes, cuatro asistencias y dos tapones en treinta y uno minutos) ya no llaman la atención como anteriormente, sino más bien por su conocimiento del juego, saber estar, brega y experiencia. Devolverle al quinteto titular ha sido un acierto. Esta madrugada se le vio tan motivado como en sus grandes noches. Con apetito. En defensa padeció con ciertas penetraciones de los exteriores locales (en especial con las de Harden, quien le dedicó un bonito cartel), mas contribuyó de forma definitiva a cerrar el rebote. El equipo que logra imponer su dominio bajo el aro (ayer de noche San Antonio lo firmó con un meridiano treinta y nueve-cuarenta y nueve) se apunta la victoria. Mientras que, en la ofensiva prosigue siendo un jugador capaz de marcar la diferencia. Su prosigue progresión le ha transformado en una conminada desde la línea de 3 puntos, lo que fuerza a sus defensores a separarse del aro. Unos espacios de los que se favorecen sus compañeros. El día de hoy lo vimos con un Aldridge que se se aprovechó de dos asistencias del catalán que empezaron el despegue terminante de los Spurs.

Cambia el ritmo

Gregg Popovich ha vuelto a probar que una de las mayores armas de las espuelas habita en el banquillo. El técnico ha alterado el ritmo de la serie tras el estropicio que los Rockets hicieron a su equipo al contraataque en el Game 1. Nada mejor que este dato de ESPN Stats&Info para entenderlo: veintiocho, trece y siete. Esa es la evolución de los puntos de Houston en transición durante la semifinal. La suma de los 2 últimos encuentros se queda a ocho de los veintiocho del primero, el que se apuntó Houston. No es casualidad. Y eso que el día de hoy los Spurs concedieron veintiuno pérdidas de balón, algo indigno en ellos, sobre todo en playoffs. Una situación que los locales no supieron aprovechar. ¿Por qué razón? Pues volvieron a quedarse sin acierto exterior (12/39 en triples). Se pasaron diecisiete minutos en la segunda parte, prácticamente todo el último periodo, sin cantar un solo bingo. Cuando dentro ya de los ciento veinte segundos finales Harden logró adecentar la mira ya estaba todo perdido. Sencillamente extendió la agonía.

Equipo

Todas y cada una de las predicciones habían pasado a apuntar en una dirección: Houston. A los Spurs se les veía más justos de recursos y de puntos que su vecino texano. Más todavía desde el prematuro adiós de Parker. Sin los tiros que el francés estaba aportando en estos playoffs, la pendiente de la cuesta arriba se ponía todavía más espinosa. Lo razonable era que Patty Mills ocupase su sitio en el quinteto. Mas con Popovich uno jamás sabe. No le tremió el pulso y le entregó la dirección al rookie Dejounte Murray cuando apenas contabilizaba veintitres minutos en esta postemporada. No desentonó. En verdad, absolutamente nadie mejoró su +11. Mills ejercitó de ejecutor de un banquillo que se comió a la segunda unidad contrincante (diez-veintiseis en anotación). Simmons se ocupó de mantener a los suyos justo al final del tercer cuarto. Apenas dos minutos, mas fundamentales. Y Danny Green comenzó las enchufó de fuera metidos ya en el clutch time. Aportación coral para reventar a los Rockets. Todos defienden (no es labor menos dejar a los cohetes en noventa y dos puntos) y cada uno de ellos espera su ocasión en ataque.

Harden, demasiado solo

Como hemos visto, los de Mike D’Antoni precisan regresar a imponer un tempo más furioso. En caso contrario, el cuarto partido (03:00, hora peninsular de España, de la madrugada del domingo al lunes) podría peligrar. Y un tres-1 conveniente a los Spurs sería algo realmente difícil de remontar. Para eludir esta situación, Harden no puede llevar solo el peso sobre sus hombros. Ayer por la noche, apenas tuvo cooperación en Ariza… mas solamente a lo largo de la primera mitad. Tras el descansó desapareció. Como el resto. No hubo indicio de Ryan Anderson (no transformó ni una canasta), de Nene ni de Lou Williams. Beverley se pasó de revoluciones y Nene no echó una mano a Capela, quien se las debió ver en la pintura con Aldridge, Gasol y Lee. A D’Antoni le toca efectuar algún ajuste en la rotación de su equipo que aporte lozanía y deje volverles a exceder la barrera de los cien puntos (están dos-cinco este curso cuando no llegan a ella). Frente a los Spurs no es suficiente con encomendarte a un sublime Harden.