El vencedor olímpico vivo más viejo, el estadounidense Adolph Kiefer, murió este pasado viernes a los 98 y once meses. Kiefer ganó la medalla de oro de los cien metros espalda en los JJ. OO. de Berlín 1936, mas tal vez este fue uno de los hechos menos trascendentes para la natación y para la historia de su larga y provechosa vida.

Kiefer contribuyó fuertemente al entrenamiento de los marines estadounidenses que tomaron parte en la II Guerra Mundial y, transformado en hombre de negocios, inventó y fabricó ciertos avances en tecnología que más hicieron mejorar a la natación.

El estadounidense, de origen familiar alemán, era recordado en su deporte como de los mejores espaldistas de la historia. Era un joven socorrista en el momento en que un adiestrador de la Universidad de Míchigan se fijó en su planta, uno con ochenta y tres metros, y le encaminó cara la natación competitiva. Un par de años después comenzó a batir récords mundiales de los cien metros espalda, en piscina de veinticinco y asimismo de las cien yardas. Llegó a los Juegos de Berlín como plusmarquista mundial (1:04.8) y en la final batió el récord olímpico con un tiempo de 1:05.9, que perviviría a lo largo de dieciseis años.

El estallido de II Guerra Mundial cortó la carrera del bañista, que se alistó en la marina. En la US Navy alcanzó el grado de teniente. Se dio cuenta con horror de que una gran parte de los soldado llamados a filas no sabían nadar (el setenta y siete por ciento de los fallecidos en Pearl Habour lo fueron por ahogamiento) y se ocupó de montar un amplio programa de enseñanza de la natación, que salvó la vida a innumerables miembros de la US Navy. Ciertos de lo comandos de choque del Día D se habían adiestrado con el programa puesto en marcha por Kiefer.

Fue su contribución a la victoria aliada en la II Guerra Mundial. Si bien en su vida tuvo otra ocasión de mudar el curso de la historia. En los Juegos de Berlín, como hijo de un emigrante alemán, fue presentado tras su triunfo a otro Adolf, Hitler. “De saber lo que entonces provocaría le hubiera tirado a la piscina”, aseveró Kiefer años después.

Finalizado el conflicto armado se transformó en un triunfante hombre de negocios en el campo relacionado con la natación. De este modo introdujo del bañador de nailon, que vino a reemplazar a los de lana. Asimismo aportó otra mejora como fueron la corcheras que dismuyen el oleaje provocado por los bañistas a su paso. Hasta ese momento eran de corcho. Las palancas de los trampolines asimismo mejoraron sus posibilidades merced a los avances en su producción que incorporó Kiefer con su empresa, que dirigió personalmente hasta los noventa y seis años, y fue la distribuidora del equipo olímpico estadounidense a lo largo de décadas.

En dos mil siete recibió una réplica de su medalla de oro de Berlín mil novecientos treinta y seis que le fue robada poco tras retornar de aquellos Juegos a los U.S.A..

Sus últimos años los paso postrado en silla de ruedas debido a una neuropatía, mas eso no le impedía proseguir nadadndo regularmente.