Cuando se acaban los calificativos para el ridículo que está protagonizando Honda en su colaboración con McLaren, sólo queda preguntarse qué estará pensando un superhombre industrial de análogo envergadura sobre lo que está sucediendo en la Fórmula 1. Me refiero a sus responsables, a sus grandes directivos, a los que deciden sobre los designios de la empresa. Especialmente teniendo en cuenta que son japoneses, con todo lo que ello supone por su forma de entender conceptos como el trabajo proporcionadamente hecho, el esmero, la calidad, incluso el honor… Sinceramente, no entiendo cómo no han tomado ya una decisión drástica al respecto. Porque lo que está pasando con ese motor sería inaceptable en cualquier caso, pero no hay por dónde cogerlo cuando se negociación de la tercera temporada de este esquema.

Nadie ignora que está F1 es quizá más compleja que nunca, el proceso de hibridación de los motores ha supuesto un desafío mayúsculo para todos los constructores. Por eso, precisamente, se entiende que allí únicamente tienen cabida los mejores y Honda se suponía que debía marcial en ese clan. No sólo no está siendo así, es que su papel debe calificarse como vergonzoso. Ver al coche de Alonso parado sin siquiera tomar la salida en el GP de Rusia es un capítulo más del desprestigio de una marca que no puede ni debe permitírselo. Se acepta el liza de la competición para demostrarle al mundo su capacidad tecnológica y la calidad de sus productos, con el objetivo último de seguir vendiéndolos a los clientes. ¿Qué imagen está dando Honda con este despropósito? ¿En qué división queda su imagen? Por eso pienso que la contemporáneo situación es insostenible y tarde o temprano explotará con unas consecuencias impredecibles.