Se espera mucho de las semifinales del Este y desde luego el primer partido no defraudó: los Celtics ganaron 123-111 a los Wizards, defendieron su pista y sumaron su finca trofeo seguida después de las cuatro con las que remontaron a los Bulls. Isaiah Thomas jugó después de asistir el sábado al funeral de su hermana en Washington State, la otra punta del país. No solo jugó: terminó con 33 puntos, 9 asistencias y unos minutos heroicos con los que sostuvo a su equipo de salida, cuando la trofeo parecía escaparse a borbotones del Garden. Y Markieff Morris se lesionó porque Horford invadió su espacio cuando estaba en el canción y se hizo un esguince de tobillo al caer sobre el pie del pívot de los Celtics.

Esas fueron las grandes historias del partido y quizá de la serie: Thomas desafiando a un Wall decepcionante (a pesar de 20 puntos y 16 asistencias) y el tobillo de Markieff, veremos cómo está para el resto de la eliminatoria, poniendo en jugada a una rotación de cristal y que siquiera cuenta con Mahinmi. Pero en ingenuidad hubo muchas otras en una colisión descomunal en la que los Wizards comenzaron 3-20, los Celtics estaban 95-80 al final del tercer cuarto y el partido, 101-98 a seis minutos del final. Stevens perdió el plan auténtico (tres cambios muy rápido después de emprender sin canastas y sin rebotes en los primeros cinco minutos) pero ganó el de los ajustes, la verdadera materia prima de los playoffs. Sin Markieff en pista y con Gortat condicionando los cambios defensivos, los Celtics anotaron 19 triples (19/39): cinco Isaiah y otros siete son mejores escuderos: 6/8 un Crowder que acabó con 24 puntos subido en ese vehículo emocional que alimenta el Garden como ningún otro pabellón, y otro un Horford que comenzó perdido y acabó decidiendo la trofeo, primero la remontada con sus pases y luego el despegue final con siete puntos seguidos: al final 21, 9 rebotes y 10 asistencias. Imponente.

Ellos, el puesta en marcha de Olynyk y el trabajo de Smart y Bradley certificaron una trofeo emotiva, sufrida, emocionante y que transmitió convicción y una energía colectiva descomunal: una trofeo de playoffs. Los Wizards se vieron superados física, psicológica y tácticamente en el tramo que rompió el partido en el tercer cuarto: de 73-73 al citado 95-80. Dejaron de rebotear, dejaron de atacar con sentido más allá de los pick and roll entre Wall y Gortat y dejaron de tener superioridad en las zonas con quintetos forzosamente pequeños. Aun así, volvieron al partido de la mano de Bogdanovic y Beal y forzaron una última pelea pero, tan justos de banquillo especialmente si se alarga la muerto de Morris, precisarán más para asaltar este hirviente Garden. Más, sobre todo, de John Wall en los minutos decisivos. Ganó Boston con imparcialidad: 1-0 y sensación de que podemos estar frente a una eliminatoria verdaderamente preciosa. Veremos.