El Getafe le infligió al Auténtico Zaragoza su sexta derrota en La Romareda del campeonato, una hemorragia insoportable que determina en gran media su ejecutoria en esta temporada para olvidar –y para formarse de una vez por todas-, y a la que hay que sumar los cuatro empates que también han volado del vetusto coliseo zaragozano. Y es que el equipo aragonés no ha vacada ni la medio de los partidos que ha disputado como regional, con un comprobación de ocho triunfos, los mencionados cuatro empates y las seis apuntadas derrotas. Sólo el UCAM Murcia y el colista Mirandés suman más derrotas en su propio campo que el Zaragoza en toda la Segunda División, un referencia que lo explica todo sin pobreza de atender a cuestiones menores.

Un equipo que no costal delante ni la medio de los encuentros que disputa en su casa es carne de cañón, no puede aspirar a nulo y está expuesto a todas las desgracias. César Láinez logró detener la caída franco del equipo, que se marchaba como un cohete en torno a la Segunda B, pero como él mismo anunció va a acontecer que sufrir casi hasta el final, porque La Romareda es un campo libre, donde han volado ya 26 puntos y todavía tienen que advenir por aquí varios de los candidatos a divertirse el playoff, como el Cádiz o el Tenerife.

Probablemente si Láinez hubiera llegado un mes antaño al banquillo la permanencia matemática estaría ya resuelta, pero difícilmente se hubiera podido subsanar la desidia genérico de combustible que tan largos le hace los partidos al equipo. El Zaragoza sólo tiene gasolina para una hora y acaba sufriendo frente a cualquier adversario por un problema generado por una pésima planificación física de la que hay que responsabilizar directamente a los dos entrenadores anteriores y a sus respectivos preparadores físicos, pero también a quien diseñó una plantilla con demasiados jugadores con muchos kilómetros, años y lesiones en las piernas. En una categoría tan igualada y con escasísimos jugadores diferenciales, la plenitud física es un valía fundamental para competir a cara de perro durante diez largos meses.

“Tenemos que encargar a los jugadores para que lleguen frescos a estas últimas jornadas; los cambios en cada partido vienen dados por el estado físico de la plantilla”. La frase de Láinez lo deja todo claro.