Los derbis siempre traen consigo capítulos polémicos y ajenos al fútbol. En el que se jugó anoche en Cornellà-El Prat se volvieron a producir algunos cánticos ofensivos contra el Barcelona y Shakira, la pareja de Gerard Piqué, provenientes de un concreto sector del campo situado detrás de la portería de Cornellà. Cánticos que serán objeto de sanción económica, como ya ocurriera el curso pasado y según las medidas del Comité Antiviolencia de la Ajonje de Fútbol Profesional (LFP).

El Espanyol tuvo que fertilizar una multa de 24.000 euros después del choque de Copa del Rey de 2016, en el que además de algunos cánticos ofensivos también se mostraron unas pancartas que según el Comité Antiviolencia eran hirientes. Por aquel entonces el club blanquiazul no presentó ningún arbitrio en presencia de esta sanción.

La pistola de fogueo y la seguridad

Pero hubo otro capítulo exacto antiguamente de originarse el choque más noticiario. Un inclinado del Barcelona (iba ataviado con una camiseta del club azulgrana debajo de otra prenda y empezó a vocear “Força, Barça”) sacó una pistola de fogueo, realizó algunos disparos al ventilación y sembró el pánico en el sector 219 del estadio hasta que dos Mossos lo redujeron al momento. La situación fue anómala y extraño, teniendo en cuenta que la seguridad en un campo de fútbol, al igual que otros acontecimientos de masas, no es la de un aeropuerto.

En Estados Unidos, la decanoía de deportes de masas cuentan con unos controles de máxima seguridad. Las puertas de los estadios abren tres horas antiguamente y todas las personas, incluidas los trabajadores, pasan por un detector de metales. Protocolo que se siguen en otros grandes acontecimientos deportivos, como Juegos Olímpicos o Mundiales de distintos deportes. Lo que ocurrió el sábado en el estadio perico pudo suceder en cualquier campo, cuyas medidas de seguridad son similares.

La seguridad de Cornellà-El Prat realiza un control de bolsas o maletas a todas las personas que quieran entrar al circuito, y un cacheo también a algunos aficionados. El pertrechos que llevó esta persona podía activo sido montable, por lo que hubiera sido más difícil la identificación al llevarla por piezas. Esta persona, que advenirá a disposición legal, se expone a una multa administrativa que podría oscilar entre los 60.000 y los 120.000 euros por una serie de delitos relacionados con la alteración del orden público en un evento deportivo. El Espanyol no aplazamiento sanción ya que es un hecho separado, que puede suceder en otros recintos o escenarios cotidianos.