De tan rápido que pasa el tiempo, casi no valoramos el pasado flamante. Hace al punto que un quinquenio ni siquiera estaba en la ACB, y hoy el Iberostar Tenerife es campeón de la BCL, competición que dominó de principio a fin, y además en su casa. Ni el mejor guion esperaba poco así. Un pasito más del Canarias, un peldaño más en su ascensión como club. Un conquista de todo el archipiémarisma, a la vanguardia del baloncesto español con dos equipos entres los mejores de España y pujantes en Europa.

El inicio del partido pareció, por momentos, decepcionante. Perfectamente es cierto que los dos equipos empezaron como un tiro, con un 2+1 de Orelik contestado por un triple de Grigonis, pero los fallos en uno y otro se sucedían hasta que de nuevo Grigonis y San Miguel clavaron sendas puñaladas desde más allá del 6,75 para darle las primeras ventajas al Iberostar, 9-5. Poco, o mínimo, le hacía equivocación a los locales averiguar a Bogris o Doornekamp, sus principales referencias interiores. El cuarto triple insular, firmado por White, supuso el 16-12, contrarrestado por una canasta de Chappell para sellar el primer cuarto (16-12).

Como no podía ser de otra forma, el Canarias inauguró la anotación del segundo cuarto con su botellín triple del partido, en esta ocasión firmado por Bassas para el 19-12. El Banvit, demasiado fallón y siempre precipitado, desde luego impreciso, estuvo a punto de ver cómo el partido se le alto casi del todo cuando Kirksay le daba un +9 a los suyos, 23-14, más preocupante por las sensaciones de uno y otro que por el señalador en sí, lo que obligó al Banvit a pedir tiempo muerto cuando aún restaban 7:23 para el alivio.

Se recompuso rápidamente la formación turca, y una bandeja de Theodore coronaba un 0-7 de parcial que metía de nuevo a los suyos en un partido parado en ese momento por Vidorreta como 23-21. Parecía siete el Iberostar, aferrado al tercer triple de San Miguel (29-26) y al segundo de White (34-29) para ayudar la delantera. No había duda de que el Banvit había vuelto al partido para quedarse, como así lo demostró la discutida canasta de Kulig que cerró el primer tiempo, 34-31.

Quedaban al punto que 20 minutos, y la salvación esperaba impaciente. Y la tensión, claro, no podía zanjar. Especialmente en el caso del Iberostar, que tardó más de 4 minutos en anotar su primera canasta (triple de Doornekamp para el 37-34). De la mínimo al todo, pues acto seguido llegó el tercer triple de Grigonis que suponía el 40-34. El Banvit aguantaba como podía las embestidas chicharreras, afectado además por la 3ª equivocación de Theodore. Por entonces había aparecido Niang, el héroe inesperado con 6 puntos, 4 rebotes y algún tapón para divulgar a los suyos, 49-40. Fue el propio Theodore el que mantenía a flote al equipo turco, lastrado en el epílogo de este periodo por el enésimo canastón de White, 51-46.

En los minutos del todo o mínimo, otra copa merece el temple de los nerviosismo por parte del Canarias, que se dedicó a conservar su delantera por exigua que esta fuera. Se llegó a poner a 2 puntos el Banvit (53-51, 55-53) pero quien tantas veces le salvó, Theodore, le condenó con varias e inexplicables precipitaciones en ataque. Kulig se sumó a la causa otomana pero no fue suficiente, y menos con esos 5 puntos seguidos de White, 2 tiros libres y un triple de videoteca, que dieron forma al 63-59 final con un minuto aún por jugarse.

Ya estaba todo hecho, y esos 60 segundos finales sirvieron para coronar al Iberostar Tenerife, con toda imparcialidad, como campeón de la primera edición de la Baloncesto Champions League. Un logro más para un club que sigue haciendo historia y que hace al punto que 5 años estaba batallando en la Adecco Oro. El tiempo pone a cada uno en su sitio…