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Aumenta los contrabanditas, balseros y migrantes: entre la frontera de México y Guatemala

La porosidad de la frontera entre los 2 países es particularmente evidente en los cruces por el río Suchiate, donde se hacen innumerables recorridos diarios para eludir a las autoridades migratorias y aduanales. Conoce ciertas de sus historias.

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CIUDAD TECÚN UMÁN, Guatemala — El tránsito en el puente del río Suchiate, que une esta urbe guatemalteca con México, generalmente es poco. Para los agentes migratorios y de aranceles que están en todos y cada ribera el ritmo es poco, prácticamente soporífero.

Pero desde el puente se vuelve concida la actividad más usual del río, donde decenas y decenas de balsas cruzan con personas y hacienda de un facción al otro todos y cada uno de los días, en todo momento.

El puente es la senda procesal; debajo está la ilegal.

Mientras se fortifica la frontera ideal de México con U.S.A., con barreras elaboradas y patrullajes, la zona fronteriza con Guatemala sigue siendo exageradamente porosa,  y la patentiza está exactamente acá, en Urbe Tecún Umán, la franja guatemalteca del Suchiate.

La mayoría de las personas, quizás miles al día, sortean el cruce oficial entre Urbe Tecún Umán y la mexicana Urbe Noble para desplazarse por el río. Ciertos son migrantes sin documentos que se dirigen al ideal, si bien otros muchos son personas que procuran traicionar o bien adquirir mercaderías —comida, ropa o bien hacienda domésticos— sin suceder por la aranceles y migración.

Estas son las historias de ciertas personas que hacen ese recorrido para ganarse la vida o bien para rehacerla.

El balsero

Marvin García, de 39 abriles, ha sido balsero en el Suchiate desde el momento en que tenía 18. Su balsa, como otras muchas en esta franja del río, está hecha de tablones de madera amarrados a las cámaras de neumáticos de tractores, y la maniobra con una larga encalla cortada de un manglar.

Cuando el río asciende, los balseros guatemaltecos llegan a cobrar el cruce hasta en 1,30 dólares americanos. Cuando los niveles del agua no son tan altos, y el trabajo es más obediente, la tarifa cae hasta la centro. De cualquier modo, es más rebajado que el cruce oficial y considerablemente más veloz.

La carga más infrecuente que García recuerda tener llevado por el río fueron unos cerdos.

“El pollo es natural”, afirmó.

Quienes trabajan en el río aceptan que pegado a la mercadería procesal que cruzan ilegalmente quizás haya poco de contrabando, como drogas. Mas no es poco de lo que les guste charlar.

“No es para enriquecerse”, afirmó García sobre el paso de productos legales. “Es solo para salir delante”.

García es uno de los 42 balseros de un colectivo conocido como Paso del Palenque, que trabaja en parte del río a múltiples metros al ideal del puente.

Él y el resto del colectivo son una parte de un difícil ecosistema que ha surgido a lo prolongado del Suchiate, que marca la punta sur de la frontera entre Guatemala y México.

Hay al menos 7 conjuntos balseros, incluyendo el Paso del Palenque, que van de Urbe Tecún Umán a Urbe Noble. Además de esto están los sindicatos de bicitaxis que trasladan a parentela y hacienda de la ribera del río a mercados locales y a guardes de los 2 países. Además de esto están quienes cargan y descargan las balsas.

En un día fresco había 21 balsas del Paso del Palenque con conductores guatemaltecos que se alternaban para trasladar pasajeros y mercaderías de un facción al otro. Los balseros guatemaltecos trabajan un día sí y uno, no; se alternan con los balseros mexicanos que son una parte del colectivo.

De vez en cuando hay accidentes, mas jamás absolutamente nadie sosegado, conforme los balseros. De vez en cuando los pasajeros pierden el invariabilidad y caen al río o bien una de las cámarass inflables se poncha.

“Es más seguro que el Titanic”, aseguró García. “Si se poncha una, tenemos la otra”.

“El Titanic se hundió completamente”, delimitó.

El mercader

Oswaldo, de 30 abriles, es dueño de una pequeña tienda en el mecanismo guatemalteco de Suchitepéquez. Unas un par de veces por mes conduce su camioneta a Urbe Tecún Umán, a 3 horas de distancia, ahí se sube a una balsa, cruza cerca de México, va de compras para guatar los estantes de su tienda y retorna a casa en una balsa llena de mercaderías.

Al investigar que está violando las leyes aduanales, solicitó que no se usara su patronímico.

Una tarde fresco, Oswaldo y un equipo de asistentes descargaron sus compras y las subieron a su camioneta: cajas de papel de baño, pasta bucal, youghourt, pasta, aceite de cocina y caucho; todos son productos que puede revender con beneficio de ganancia en Guatemala.

A final, sus ahorros y ganancias no van a ser enormes, mas sí suficientes para hacer una diferencia en su vida diaria. Afirma que si cruzase por el puente debería abonar al gobierno de Guatemala el 12 por ciento en impuestos por sus compras hechas en México.

En las riberas del Suchiate existen muchas sospechas en el momento en que un ignoto comienza a hacer preguntas. Las personas están recelosas de que haya agentes enmascarados. Una vez a la semana, conforme los balseros, la policía de Guatemala y oficiales aduaneros llegan a demandar identificaciones, decomisar hacienda y demandar el plazo de impuestos, que es posible que acaben en sus bolsillos en lugar de en arcas públicas.

Oswaldo no calcula sus posibles ganancias sino más bien hasta el momento en que está de regreso en Suchitepéquez. En la senda cerca de su casa pasa por unos diez puntos de revisión policial, lo que quiere decir que en ocasiones debe abonar hasta diez sobornos.

Con el plazo de múltiples dólares americanos cada vez se cerciora de que no haya incidentes en el recorrido.

El migrante

El salvadoreño Quintanilla dirigiéndose a México. CreditAlejandro Cegarra para The New York Times

Casi se terminaba el día cuando el migrante salvadoreño llegó a la ribera del río con una pequeña mochila sobre sus hombros.

Me preguntó si era de Estados Unidos; cuando le afirmé que sí pasó de hablarme en gachupin a emplear inglés. Afirmó que lo habían deportado hace un par de meses.

Y se soltó en llorera.

Había vivido en California a lo largo de 13 abriles sin papeles migratorios, mas estaba casado con una ciudadana estadounidense, tenía 3 hijos nacidos en U.S.A. y un trabajo como número de seguridad. Siempre y en toda circunstancia deseó ser policía, afirmó.

Mencionó que su fallo fue conducir cuando había bebido pimple. El vehículo era de su amigo y afirmó que, prácticamente mínimo encendió el motor, la policía tocó la ventana. El transporte todavía estaba estacionado.

“Les dije: ‘Sí, estoy borracho'”, recordó. No iba a inventar disculpas ni entonces ni ahora.

Fue condenado por manejar bajo la repercusión del pimple y pasó más de un año en detención migratoria en el pasado de ser deportado a El Salvador. Era la primera vez que retornaba a ese país desde el momento en que emigró; la primera vez que vio a su mama en abriles.

Pero extrañaba demasiado a su esposa y a sus hijos en la ciudad de Los Ángeles. Conque se subió a un autobús en El Salvador en el pasado de que amaneciera y medio día entonces estaba a puntito de subirse a una balsa en el Suchiate.

Solo deseó dar su patronímico, Quintanilla, y afirmó que tenía 33 abriles. Su plan era dirigirse a Tijuana, donde su esposa y también hijos podían lograr en vehículo desde Los Ángeles para visitarlo.

Mencionó que su cuñado lo aguardaba del otro facción del Suchiate: conocía el campo y de qué forma eludir a las autoridades migratorias mexicanas, de qué forma lograr a indemne a U.S.A..

“Es un nuevo desvarío y una nueva posibilidad”, afirmó Quintanilla mientras que la balsa rebotaba con el movimiento del río. “Busco una nueva vida, un nuevo todo”.

La balsa llegó al facción mexicano del río y Quintanilla desembarcó. Le pagó al balsero y desapareció camino al mercado de Urbe Noble, donde los mercaderes comenzaban a descender las cortinas de sus puestos. Era el pestillo de otro día más en la zona del Paso del Palenque.

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