Jim Carrey y el socialismo - Titulares y Más
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Cuba

Jim Carrey y el socialismo

El socialismo no solo odia las opiniones serias y honestas, sino también el humor

Ernesto Santana Zaldívar

Martes, 9 de octubre, 2018 | 5:00 pm

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Jim Carrey (AFP)

LA HABANA, Cuba.- Últimamente se han difundido ciertas noticias que pudiesen pasar por gracietas macabras. Una de ellas es la exhortación del insigne actor Jim Carrey a los demócratas de USA a fin de que afirmen sí al socialismo, en un programa televisivo al que fue convidado a causa de su regreso al planeta del espectáculo como protagonista de una nueva serie.

Refiriéndose a que los republicanos critican a Venezuela por un socialismo que provoca la escapada en masa de la población, Carrey evocó los años de niñez vividos en su natal Canadá, donde “el gobierno se hace cargo de resguardar a los ciudadanos”. Relacionar lo que el humorista llama “socialismo” canadiense con el sistema impuesto en Venezuela, suena a gracieta gruesa mezclada con ignorancia.

De inmediato, entre las reacciones que esa declaración despertó, el cronista Laureano Márquez le respondió a Carrey que a veces semeja que la incapacidad que tienen las estrellas de Hollywood para comprender sobre política es de manera directa proporcional a su talento”, y después le arguyó por qué razón justamente el socialismo es la primordial causa de la pavorosa crisis que atraviesa su país.

A su vez, la cronista y aspirante republicana al Congreso María Elvira Salazar respondió que ni el actor ni tampoco otros defensores del socialismo “tienen idea alguna de lo que están diciendo”, y también invitó a Jim Carrey y asimismo al miembro del Senado Bernie Sanders —que se proclama socialista— a que vayan a vivir “una semana en Cuba con una familia cubana, sin agua, sin electricidad en ocasiones a lo largo de todo el día, sin un carro, sin dólares estadounidenses y sin aire acondicionado”.

Precisamente de la convulsa Venezuela viene otra nueva que semeja una mofa sañuda y absurda. Después de que se hiciese viral en las redes sociales un vídeo en que un bombero, cuyo camión se encontraba sin motor, se trasladaba en mototaxi para sofocar un incendio en la Zona Industrial de Barquisimeto, sucedió lo más increíble.

En vez de reconocer el sentido del deber que probó el bombero, el directivo de Seguridad y Orden Público del estado ordenó encontrar al conductor del mototaxi para aplicarle la ley por “conducir con una sola mano, emplear un casco que infringe las regulaciones, emplear un teléfono celular a lo largo de la conducción y transportar a un pasajero sin casco de protección”, entre otras muchas violaciones.

Curiosamente, una auténtica gracieta de 2 bomberos había ocurrido días ya antes en Mérida y había resultado poco simpática para el altisonante autócrata chavista y su pandilla. El cabo segundo Ricardo Antonio Prieto y el sargento segundo Carlos Julio Varón habían grabado un vídeo, en seguida viral, donde paseaban a un burro por la estación de bomberos.

El chiste estaba en que el asno era tratado como un “presidente Maduro” efectuando una inspección en el sitio. En un instante, el animal se detiene a comer yerba en un patio y el bombero que relata en el vídeo comenta, riendo: “Como pueden ver, mismo está comprobando la yerba, lo único bueno que tenemos aquí”.

Por esa dramatización del apodo “Maburro”, el cabo Prieto y el sargento Varón fueron presos y se encuentran aguardando juicio acusados del delito de “incitación al odio”, que puede costarles 20 años de cárcel. De nada sirve que los abogados expliquen que sus protegidos grabaron el vídeo de broma, no para incitar al odio. Para la gente, más que un chiste, es una queja por las pésimas condiciones en que trabajan los bomberos.

Graciosamente, no obstante, Carlos Márquez, el juez que imputa a Prieto y a Varón, se define en las redes sociales como socialista, diserta sobre la construcción del comunismo, alaba al Comandante Eterno Hugo Chávez y se complace de militar en el Partido Socialista Unido de Venezuela, todo lo que viola la Constitución Nacional, el Código de Moral del Juez y los principios internacionales sobre la independencia judicial.

Como los socialistas del siglo veintiuno no se andan con chiquitas, encima de todo eso, el juez Márquez hace apología de la violencia en sus redes sociales y se toma fotografías con armas y en frente de una sede de los siniestros “colectivos” motorizados. Ya en 2017, el juez se había dado a conocer por condenar sin pruebas a unos 200 ciudadanos, jóvenes y profesores universitarios, a lo largo de las quejas contra el régimen de Maduro.

Si tanto le complace el socialismo, Jim Carrey debiese enterarse de que en Cuba no hay un gobierno que “se encargue de resguardar a los ciudadanos”. En verdad, los ciudadanos sufren un gobierno que jamás han escogido y que, para colmo, tal y como si de una gracieta delincuente se tratase, les impone un “socialismo irrevocable”.

Y hablando de gracietas, el cómico debiese saber asimismo que el socialismo no solo detesta las creencias serias y sinceras, sino más bien asimismo el humor, que es más tolerado que apoyado, por el hecho de que no resulta un arma muy eficaz para supervisar y aterrar a los ciudadanos, que son el auténtico contrincante al que temen los regímenes socialistas.

Además, ese género de régimen sirve de genial materia prima para el humor y, por esta razón, en el socialismo estalinista, los rechistes podían ser considerados una “actividad antisoviética” castigable con 5 años en un campo de trabajo. Unas 100 mil personas fueron condenadas por hacer rechistes en los años más oscuros de aquel socialismo.

Y ahora semeja que el socialismo del siglo veintiuno, además de castigar ciertas chanzas, se encarga de embromar judicialmente a las personas con acusaciones como “incitación al odio” o bien “terrorismo” (la guasa sanguinolenta que ha devenido incriminación preferida del orteguismo en Nicaragua).

Ojalá la exhortación ideológica de Jim Carrey sea solo una jocosidad ingenua y el humorista no deba padecer el socialismo y, en consecuencia, deba obligarse a cambiar de parecer, de país o bien de profesión.

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Cuba

El cada día en Cuba, el youghourt y los azares de la vida

“La vida hecha un yogurt”, es una metáfora del dolor, una descripción del ambiente sórdido que soportan casi todos los cubanos

Jorge Olivera Castillo

Martes, 11 de diciembre, 2018 | 8:00 pm

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(EFE)

LA HABANA, Cuba. – Tengo una vecina que acostumbra a equiparar los cíclicos encontronazos existenciales que encara diariamente y desde una data que no puede especificar —pero que sitúa desde que comenzó a tener empleo de razón—, con un producto, el día de hoy en la lista de los ausentes en los estantes de las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD): el youghourt.

No es la única en Cuba que establece tal analogía, frente al compendio de contrariedades, entre las que podrían mentarse, el corte del fluido eléctrico por una ruptura en los desvencijados generadores, llenos de parches y a la espera de un remplazo con sus frecuentes ataduras al ciclo de las posposiciones y los inconvenientes con el suministro de agua y gas, asimismo surgidos a raíz del sostenido declive económico y la ineficiencia estructural que acompaña al centralismo desde su inicio y desarrollo en el auge de la revolución bolchevique de 1917 con sus siguientes ramificaciones por Asia, Europa, África y Latinoamérica.

Por otro lado, el enfado de un hijo pequeño o bien la súplica de un reguetón amplificado cada tarde por un vecino lindante, podrían añadirse a la inacabable lista de motivos para expresar el enfurezco con la popular oración de: “me tiene la vida hecha un youghourt.”

Precisamente, el pasado 25 de noviembre, en el marco del segundo aniversario de la muerte de Fidel con su atiborramiento de glorificaciones mediáticas, mi vecina halló otro motivo para soltar la oración con una alteración, esta vez utilizando la tercera persona del plural.

Su expresión iba dirigida a los autores de ese carnaval de halagos, conforme su opinión, al primordial impulsor del racionamiento, las unanimidades, las obligatorias marchas del pueblo combatiente y de todo el desastre existencial que acompaña a miles y miles de familias a lo largo y ancho de la Isla.

Quienes emplean la máxima, ignoran el origen de la identificación del youghourt como elemento para rehusar determinada situación.

La mayoría se restringe a reiterar lo que ha escuchado, bien en el seno familiar o bien en una de esas conversaciones informales que se establecen a lo largo de la estresante espera en una parada de ómnibus o bien en el pugilato por adquirir la libra de papa por cabeza que el Estado reparte por sorpresa y a costes subsidiados, muy raras veces por año.

En Cuba, sobran los instantes para traerla a colación. La pobreza se ha transformado en una cultura que cuesta superar, sin las remesas que llegan del exterior o bien las incursiones en el mercado negro.

En la situación actual, los “salvavidas” que llegan de Europa o bien U.S.A., son de manera frecuente inefectivos entre el oleaje de las faltas.

Los productos desaparecen de las tiendas sin la garantía de un retorno expedito.

Por ejemplo, el youghourt se difuminó de las neveras hace múltiples semanas y su regreso se sostiene en la órbita de las ilusiones.

Muchos habaneros lo extrañan y ciertos, llevando al extremo sus cavilaciones, hasta sospechan si va a coger la senda de la carne de res, un producto que habita en el recuerdo de quienes la conocieron, hace 4 décadas, en forma de bisté empanizado o bien con cebollas.

Era una temporada donde las sacudidas de la pobreza eran menos bruscas, merced a los sedantes mandados, en grandes lotes, desde Moscú, Sofía, Praga, Berlín o bien Budapest.

“La vida hecha un yogurt”, es una metáfora del dolor, una descripción del entorno sórdido que aguantan prácticamente todos los cubanos, si bien la publicidad del gobierno se ocupe de deformar la realidad.

La debacle que empieza en las faltas materiales y acaba en la evaporación de los valores éticos y morales, es un engañáis al triunfalismo que se recicla en prensa y en las tribunas que el poder utiliza para orear sus patrañas y verdades a medias.

Termino, no sin ya antes hacer pública una preocupación que debe ver con la nostalgia de muchos capitalinos:

¿Volverá el youghourt a las neveras de las TRD?

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Cuba

Cuba y sus tantas otras luchas por la independencia

El vocablo “lucha”, entre los cubanos, puede significar desde un esfuerzo honesto por salir adelante hasta el uso de las más disímiles artimañas

Roberto Jesús Quiñones Haces

Martes, 11 de diciembre, 2018 | 6:00 pm

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Vendedor itinerante en el malecón habanero (fotografía fichero)

GUANTÁNAMO, Cuba. – Se han cumplido un par de meses que los cubanos fuimos testigos de la celebración de los 150 años por el comienzo de nuestras guerras de independencia.

Cuando se festejó el centenario del acontencimiento, Fidel Castro aseveró, refiriéndose a los mambises y a los líderes del castrismo: “Hoy, habrían sido como nosotros; , entonces, habríamos sido como ellos”, una expresión inequívocamente manipuladora, puesto que Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte y otros progenitores creadores rechazaron las ideas marxistas, como asimismo lo hizo entonces José Martí.

No creo que la idea expresada por el dictador cubano se haya enraizado en personas con un mínimo de conocimientos, entre ellos el saber que la guerra contra la dictadura de Batista estuvo basada en el restablecimiento de la democracia y no en la imposición de una dictadura neo estalinista, mas desde esa celebración —y hasta ahora— una oración se hizo muy popular entre nosotros para contestar a una simple indagación por nuestro estado. Me refiero a: “Aquí, en la lucha”.

Por bromear, cuando alguien me responde con la oración de yerras, suelo preguntarle: “¿Tu lucha es libre o bien grecorromana?”. Prácticamente todos responden que no saben, mas que desde el momento en que se levantan hasta el momento en que se acuestan su vida es una “lucha” incesante por la subsistencia.

Es que el palabra “lucha”, entre nosotros, puede representar desde un esmero sincero por salir adelante hasta el empleo de las más disímiles artimañas, ciertas tan ocurrentes que empequeñecen los más inverosímiles artefactos de los protagonistas de las novelas picarescas. Otras se desarrollan en las lindes del delito o bien inmersas en él.

Una mirada cara esa “lucha” revela casos que acusan una acendrada rebeldía en frente de los abusos del socialismo cuartelario implantado en el país. Forman patentizas del anhelo por conseguir la otra independencia, consistente en lograr una situación lo más distanciada posible del control omnímodo del Estado.

La más perceptible y reiterada de esas “luchas” es la busca de una visa que deje quebrar el cerco de muchas circunstancias desfavorables —incluida la maldita del agua por doquier, conforme el decir del poeta— que han transformado a los cubanos en emigrantes potenciales para prácticamente todo el planeta. Hay compatriotas hasta en Nepal y, como van las cosas, no me sorprendería que en cualquier instante se establezca —gracias al calentamiento global— una colonia cubana en Groenlandia o bien en la mismísima Antártida. La juventud es la enorme protagonista de esa desbandada cara otros lares, si bien el ansia por salir no es única de ese conjunto etáreo.

Otra manifestación de la busca de la independencia —aunque más limitada respecto a la anterior— es el creciente deseo de tener un negocio particular que deje no solo acceder a una mayor solvencia económica, sino más bien asimismo escapar del tiempo agobiante del trabajo estatal, siempre y en todo momento bajo la mirada conminatoria de la administración, el sindicato y el partido.

Negocios particulares los hubo siempre y en todo momento en Cuba, aun hasta tras la deplorable Ofensiva Revolucionaria, mas se han extendido a lo largo de los últimos años, sobre todo tras la crisis estatal que lanzó a la calle a más de un millón de trabajadores. Poco a poco hemos visto surgir y desaparecer en ese lapso a muchos de esos negocios, mas otros se han mantenido merced a la constancia y también inteligencia de sus dueños. El día de hoy existen en todo el país negocios particulares que superan en mucho a los del Estado, merced a la inventiva de sus dueños que, asimismo, han aumentado su calidad de vida, algo que no es bien visto por los mandantes cubanos pese a su ritornelo de que aspiran a un socialismo próspero y sustentable.

Muchos de esos dueños se quejan de las trabas excesivas que impone el gobierno, de los altos impuestos, de la enorme cantidad de documentos que deben llevar a diario, y es cierto. Mas asimismo lo es que absolutamente nadie sostiene un negocio que ofrezca reiteradas pérdidas y que el castrismo va a proseguir aplicando esos controles para impedir el empoderamiento económico de esos dueños. ¿Cuánto más podría conseguir ese ámbito emergente si el Estado suprimiera esas trabas y la competencia infiel que le impone? Probablemente mucho, mas en Cuba se ha impuesto una economía de subsistencia y de sus métodos absurdos no escapan esos negocios.

Otro síntoma de esa otra guerra silente por la independencia ciudadana se advierte en las construcciones asumidas por los nuevos pudientes cubanos, entre aquéllos que incluyo a los médicos que cumplen misiones de trabajo en el extranjero y retornan con dinero suficiente para montar un negocio. Prácticamente todas esas edificaciones —además del pésimo gusto de sus dueños— se identifican por altas tapias, rejas y una reducida —por no decir nula— visibilidad para los ojos del Gran Hermano, que en Cuba tiene una representación permanente en los Comités de Defensa de la Revolución.

Y si bien pudiesen citarse muchos ejemplos de esa lucha por la emancipación, creo que uno de los más reiterados recientemente es el de los líderes que se presentan como furiosos defensores del castrismo mientras que desangran con sus hurtos y corruptelas a la economía nacional. Más de uno ha habido —sobre todo en el ámbito del comercio y la gastronomía— que han partido cara el extranjero —familia incluida— con una voluminosa suma de dinero transformada en dólares estadounidenses, robada a la entidad que dirigían. Hasta la víspera de su escapada cara “el corrupto capitalismo”, estos “comunistas”, “revolucionarios” o bien “fidelistas ardientes” —que de todos hay en esta viña del castrismo— aparecieron en las listas de aspirantes a encargados del Poder Popular, en las de las reservas de cuadros del partido y del gobierno, y eran presentados en los actos públicos como ciudadanos respetables. Casos hay que por la prisa de su escapada olvidaron descolgar de la sala de sus casas alguna fotografía al lado de altos líderes del castrismo. Son tan dichosos que muchos consiguen cobijo político o bien vivienda legal en el extranjero merced a un súbito cambio que los transforma, de ladrones obstinados, en furiosos luchadores por la democracia.

Así se integra el inconmensurable ejército de “luchadores” cubanos. Se pueden distinguir por los métodos aplicados en su “lucha”, mas todos tienen como referente un propósito común: escapar de un sistema cuya nomenclatura piensa que puede proseguir sometiendo al pueblo y desechando su inteligencia y sabiduría.

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Cuba

El desastre de una ida Revolución

Cuba necesita que la ciencia, la tecnología y la innovación lleguen a ser abanderadas, para nada el levantamiento del bloqueo es la fórmula para lograrlo

Tania Díaz Castro

Martes, 11 de diciembre, 2018 | 3:49 pm

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Prototipo de purificador familiar de agua creado por el IMRE y el Instituto Superior de Diseño Industrial. Fotografía Granma

LA HABANA, Cuba.- Algo infrecuente ocurrió en el jornal Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Marxista de Cuba. Al paso que por los días veinte de octubre se daba seguimiento al llamado “bloqueo económico, comercial y financiero” impuesto por E.U. a Cuba, “…marcado -afirma- por ese castigo, tal y como si fuera su pecado mortal” en las páginas del medio, el 27 de octubre, apareció un artículo firmado por Orfilio Peláez, renombrado cronista de la ciencia en Granma desde 1984, que nos hizo ver todo lo opuesto.

Como para probar que lo peor que ocurre en Cuba no es el llamado bloqueo estadounidense, este cronista, premiado en múltiples ocasiones, destacó la ineficacia y lo inútil que ha resultado el Modelo Económico-Social del Proyecto Socialista, puesto en vigor por Raúl Castro desde hace más de una década.

Es evidente puesto que, que el desastre de una ida y desacertada Revolución, con las torpezas cometidas por Fidel Castro y el Che Guevara, puede verse en la carencia de desarrollo del país y en la mala calidad de sus poquísimos productos nacionales.

Así entonces, apuntó este sobre aviso colega, la única forma de acrecentar la producción de comestibles, desarrollar nuevos medicamentos, equipos médicos y medios diagnósticos, crear nuevos materiales para la industria electrónica y las telecomunicaciones, o bien elevar los rendimientos deportivos, es mediante la generación y empleo de nuevos conocimientos.

O sea que Cuba precisa que la ciencia, la tecnología y la innovación lleguen a ser portaestandartes de este proceso. Para nada este especialista cronista mentó el alzamiento del bloqueo como fórmula para conseguirlo.

Eso sí, apuntó que, con salvedad del Polo Científico del Oeste habanero, “en una buena parte del resto de la actividad científica nacional, la generalización de resultados ratificados no ha navegado con igual efectividad”.

O sea, que el incompetente gobierno cubano es el culpable.

Peláez hizo referencia a los muchos resultados científicos engavetados o bien olvidados. Y recordó las causas: desde la carencia de financiamiento para desarrollar un producto, hasta la ausencia del preciso acercamiento entre las entidades investigativas y el campo empresarial y productivo.

En pocas palabras: la subestimación que existe en el país frente a los logros logrados fuera del área de la biotecnología, con lo que se prefiere asistir al mercado internacional para adquirir lo que puede hacerse en el país.

Para probar que estaba en lo correcto, Peláez se refirió a los sistemas de purificación de agua para consumo humano y animal, trabajo encabezado por el doctor en Ciencias Gerardo Rodríguez Fuentes, probada su valía y prestigio en el Instituto Finlay. Acabó señalando que tras una larga espera que excede ya los 19 años, el resultado prosigue sin generalizarse, y el país importa los filtros de agua de procedencia coreana que se ofertan en las tiendas de divisas.

Recalcó Peláez que lo que pasa en el país pone de manifiesto la falta de mecanismos organizativos y el poco interés que dedica el régimen en buscar soluciones a los inconvenientes de Cuba.

Algo afín asimismo ocurrió, afirmó Peláez, con las tabletas anti diarreicas para adultos, de comprobada eficiencia, que dejaron de fabricarse no se sabe por qué razón, como de otros medicamentos elaborados en el Instituto de Ciencia y Tecnología.

¿Deseó decir Orfilio Peláez que esto ocurre en la Cuba castrista? ¿Como consecuencia del desastre que causó aquella ida Revolución que puso todo patas hacia arriba desde el primer instante, y ha seguido de esta forma hasta hoy?, ¿Si bien se le quiera echar la culpa al Embargo Comercial, consecuencia del desposeo arbitrario de las propiedades norteamericanas, sin compensación alguna?

Por supuesto. Aún el régimen castrista no sabe que jamás como el día de hoy, el progreso de la humanidad está condicionado al avance científico y tecnológico.

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